Moda y prensa femenina en la España del siglo XIX

Últimamente cada vez me cuesta más encontrar el tiempo (y la concentración necesaria) para leer libros densos, entre los que por desgracia se encuentran los de investigación. Aún así, aunque sea muy poco a poco, voy terminando algunos.

Hoy os traigo una recomendación muy recomendada si estáis interesados en la prensa de moda:
Moda y prensa femenina en la España del siglo XIX, de Ana María Velasco Molpeceres.

El libro se resume, inicialmente, por el título. En la primera parte, la autora hace un resumen de los acontemientos que impulsaron, o retrasaron, el avance de la prensa dirigida al público femenino. En la segunda parte ya nos metemos en el meollo que complementa la investigación de moda histórica: un listado pormenorizado de todas las revistas «para mujeres» publicadas en ese siglo. Y claro, por entonces estas revistas se caracterizaban por tener un apartado dedicado a la moda del momento, ya sea con o sin figurines. A partir del listado se puede tirar del hilo para localizar títulos que puedan contener patrones o explicaciones, aunque por desgracia hay varias de las que sólo consta el nombre y, como mucho, la portada de algún número.

Por otro lado, si (como a mí) os interesa también la historia en general y la evolución del feminismo en particular, es una lectura muy interesante y de la que se pueden sacar muchos detalles sobre el lugar de la mujer en la sociedad, tanto el real como el que se pretendía que tuviese.
Y en este tema, como complemento al libro, recomiendo escuchar el programa nº34 del Podcast de Divulvadoras de la historia, dedicado al periodismo feminista.

Vestido «Ikea» 1800-1808

Volvemos al lío con otra entrada de resumen sobre uno de los trajes que he hecho en estos años que el blog ha estado más parado.

Hacía bastante que tenía ganas de hacerme otro vestido para las recreaciones napoleónicas, principalmente porque muchas son dos días seguidos y si un día me manchaba, a ver qué me ponía. También porque da mucha rabia ver a la gente cambiarse de ropa y tú no poder XD.

Uno de mis principales problemas suele ser el elegir la tela adecuada, pero aquí lo tenía fácil: una de las fundas nórdicas de Ikea es una reproducción de una indiana del siglo XXI, así que dos por uno: barata y fidedigna 🙂

Y para el modelo, elegí este que tienen en el Rijskmuseum (https://www.rijksmuseum.nl/nl/collectie/BK-TN-1166), que es sencillo y me da juego para llevar tanto en días frescos como más calurosos.

El patrón es, para varíar, el de Sense&Sensibility. Ni siquiera tuve que retocarlo mucho porque es el modelo básico.

Estoy muy contenta con el resultado, excepto por el largo. Después de varios tropezones por pisarme el bajo, decidí acortarlo unos centímetros con dos lorzas. Mi seguridad física bien vale que no me parezca tan elegante XD

Actualizando la chaquetilla de 1865

Volvemos, casi de año en año, pero volvemos ^^U Como no estoy avanzando demasiado rápido con los proyectos más recientes, he decidido ir enseñando cosillas que he hecho desde que el blog se empezó a atascar, al menos hasta que tenga algún avance, no ya sustancial, si no al menos, que pueda llamarse realmente «avance».

A los que me leéis desde hace tiempo os sonará esta chaqueta, que cosí para un evento de recreación inspirada en las exploradoras del siglo XIX.

Fue uno de mis primeros patrones y estoy muy orgullosa de ella, a pesar de que, con los años y el aprendizaje constante, voy viéndole cada vez más fallos. Pero se me quedó la espinita de no haberla decorado. Mi idea inicial fue bordarla, al estilo de varias que había visto en la web del MET, pero no acababa de ponerme a ello. Hasta que un día, navengando por estas nuestras redes, me encontré con este cuadro:

La lettre d’amour, 1863 – Auguste Toulmouche

Esa era mi chaquetilla. Totalmente.

Y gracias a esa inspiración cambié toda la idea de la decoración que tenía y me puse a buscar materiales: cinta de raso (de poliester, porque a ver quién se permite seda) y cordón de madroños.
La cinta fue fácil, pero los madroños… yo quería madroños chiquitines como los que salen en el cuadro, y no me quería conformar con los tamaños grandes que encontraba en las mercerías de aquí. Tampoco aparecían en las on-line. Pero aparecieron en Madrid.

El proceso de costura fue sencillo, pero laborioso; básicamente consistió en: coloco la cinta como la quiero, la sujeto con alfileres, me pincho cien veces, y coso a mano procurando que la puntada no se vea mucho. Por desgracia el hacer fotos de proceso lleva tiempo e interrumpe, así que en este caso no hay ninguna.

Estoy muy contenta de cómo quedó, ahora a ver cuándo puedo volver a ponérmela, ya sea con el traje original de exploradora o con la crinolina elíptica.

Y a partir de ahora, poco a poco iré subiendo entradas enseñando otros trajes que he ido cosiendo desde 2021 y otros arreglos como este.
(El que me esté leyendo todo de seguido tiene que estar flipando con los bandazos que doy a la hora de decidir cómo llevo esto XD)

Semos de Villabaltere…

Reincidentes – enagua 1865

Tengo algunas prendas que parece que están acabadas, pero algún tiempo después te das cuenta de que necesitan uno o dos cambios.

Eso me ha pasado con la enagua del traje de crinolina elíptica. Había terminado de montarla, había escrito y publicado la entrada correspondiente, y llegó el momento de probar la falda con ella: no me gustaba. ¿El problema? que el bajo de la falda se metía por debajo de la crinolina al caminar. Es un problema que no ves en el maniquí y que queda muy feo (o al menos a mí no me gusta nada que haga eso 😅) Así que tocó buscar solución.

La mejor opción era añadir un volante en el bajo, así que me puse a buscar en los ejemplares de La moda elegante de esa época para ver si había alguna referencia y, por suerte, la encontré.

Nadie dijo que la suerte fuese buena. Los volantes encañonados parecen muy sencillos de hacer, pero al final estuve más de 10 horas repartidas en tandas de 2 horas midiendo, doblando y planchando 12 metros de tela. Nunca más. He de decir que el modelo lo usé solo de inspiración y que, aparte de que los volantes los hice sin separación, la parte del encaje la obvié, porque es mucho dinero y no queda bien con las lorzas que ya tenía. Por suerte montar y coser el volante ya fue fácil, aunque se tarda bastante porque hay que sujetar cada pliegue con alfileres. Y claro, no podía salir bien a la primera.

En la foto solo tengo montada la mitad, pero ya se ve que es muuuy larga. Así que tocaba añadir otra lorza, porque me negué a deshacer la cintura para acortarla por ahí.

Al final, a pesar de los errores, he quedado muy contenta con el resultado, así que espero no tener que volver a retocarla en el futuro (excepto para ensanchar la cintura, que con la cuarentena adelgacé 😑) .

Spencer c.1810

¡Bienvenidos a los tiempos interesantes!

La última vez que me pasé por aquí fue en diciembre y desde el 1 de enero de este año las cosas se me han ido descontrolando. En redes sociales habréis visto que no he parado de coser, pero lo de hacer entradas con los avances ya es otro cantar. Por suerte parece que voy teniendo más ganas de poner todo en blanco sobre negro y a partir de ahora la idea es ir haciendo entradas con las cosas que he ido acabando.

La primera llega hoy, con el spencer azul que os enseñé el año pasado.

En junio de 2019 tuve un evento de época regencia y, como soy de León y aquí no se puede salir de casa sin la chaquetica, decidí hacerme el equivalente.

He de decir que al final no la estrené, porque tuvimos dos días de calor mortal, que se multiplica por mucho en el centro de Madrid.

Para este proyecto usé el patrón Sense and Sensibility, con lo que investigación y patronaje = 0

También aproveché para hacer uso de materiales que ya tenía en casa: tela azul de dudosa procedencia para el exterior, sobreces de la tela que usé para la camisa para el forro y unos botones que me había regalado hace años una amiga. Vamos, que me lucí con la historicidad en materiales y confección, pero el aspecto final fue bueno.

No tengo muchas fotos del proceso porque fui por la vía rápida y, aparte de alargar las mangas (en serio, no hay patrón, histórico o moderno, en el que las mangas me lleguen a la muñeca 😒) e intentar ajustar las pinzas del pecho, no retoqué nada.

¿Estoy contenta? Más o menos. Como lo hice aprisa y corriendo tiene muchos fallos: algunas pinzas hacen lo que en mi casa se llama «culo de pollo», el cuello no me asienta bien porque no corregí la zona de los hombros (los tengo ligeramente echados hacia adelante) y la entretela que usé para las solapas es demasiado blanda y quedan con poco cuerpo. Para la siguiente (porque puedo asegurar que haré otra algún día) espero dedicarle el tiempo necesario y además decorarla.

Y con esto y un bizcocho, hasta la próxima entrada 😉

Enagua para crinolina elíptica

Una simple enagua parece algo muy fácil, pero yo soy especialista en complicar hasta lo más sencillo. Lo primero que he hecho y en lo que he gastado casi un mes ha sido en buscar modelos y en ver cómo se hacían los patrones en la época. Lo primero no ha salido tan mal, pero lo segundo ha sido un suplicio, porque la ropa interior, al hacerse mayormente en casa y ser algo muy básico, era más normal que se enseñase de madres a hijas y que no apareciese en los libros de costura o revistas de moda, excepto por cómo hacer los adornos o algunos modelos de bordados. Seguramente hay algún libro de la época en inglés que lo explica, pero sin dibujitos, con lo que se me escapará la mitad de lo que dice. Al final me lié la manta a la cabeza y decidí que iba a hacer el patrón igual que haría para una falda, haciendo las piezas como cuñas pero con la cintura menos ajustada para poder hacer frunces y sin decoración. Siguiente paso: tomar medidas. Ponerse toda la ropa interior, el corsé y la crinolina y medir la cintura y el largo hasta el suelo por delante, detrás y los lados. También medir el contorno del bajo por si acaso. (Un consejo si tomáis las medidas por la mañana, no apretéis el corsé demasiado. Dejad espacio porque si no, el día que vayáis a un evento y tengáis que comer con él puesto va a ser un suplicio.) Al menos ésta es la teoría, pero yo pasé mucho de ella y lo que hice fue medir la crinolina sobre el maniquí. Una pensaría que con esto está listo para patronar, pero yo tiendo a meter la pata miserablemente cuando no tengo todos los detalles apuntados, así que lo que hice fue un esquema en pequeñito, y después ya pude hacer el patrón y cortarlo con más seguridad. Un par de semanas después, lavar la tela, plancharla, ponerla en el suelo con el patrón y a cortar. Siguientes pasos: coser las costuras verticales de la enagua y plancharlas (y que no os pase como a mí y se os olvide que hay que dejar una abertura para poder ponértela luego), volver a ponerte el corsé y la enagua y… darte cuenta de que no puedes hacerte bien la primera prueba porque en cuatro años has adelgazado y tienes seis centímetros menos de contorno. Tal y como comenté en la anterior entrada, me tocó retocar la crinolina para poder hacer la primera prueba para ver los largos, de la que no hay foto. Después volví a montarlo todo en el maniquí para poder ir probando varias opciones con las tablas de las piezas del delantero y los laterales (la espalda va fruncida). Después tocaba hacer el bajo, volver a montar el maniquí e ir ajustando el largo por la cintura hasta que quedase por donde yo quería, y volver a recolocar las tablas. Ahora ya toca montar la cinturilla, de la forma normal Y una vez terminada de coser y puesto el cierre, tenemos una enagua lista para usar. Como podéis ver en la última foto, el peso de la tela me empuja la crinolina hacia adelante, así que le he cosido en la espalda una pequeña almohadilla para ayudar a que se quede en su sitio, pero aún no he hecho fotos. Ahora ya puedo empezar con la falda, para la que voy a usar el mismo patrón que para la enagua. Y por último, los links a las páginas que he usado de referencia para este proyecto. https://www.pinterest.es/americanduchess/victorian-1860-1870/ http://thedreamstress.com/2014/02/the-ca-1860-paisley-petticoat/ https://historicalsewing.com/how-to-sew-cartridge-pleats

Seguimos con el juboncillo

Poco a poco voy avanzando con el juboncillo.

En realidad la modificación es muy sencilla y se podría hacer en unas horas, pero he descubierto que tras algo más de tres años sin coser, he olvidado mucha de la técnica 😅

Mientras buscaba información para refrescar un poco lo que recuerdo de técnicas de costura, he visto ejemplos de juboncillos sin mangas sencillos, como el de la imagen anterior, y he decidido cambiar el modelo.

Después de tardar media hora en ponerme el vestido ha tocado ajustar el bajo, el frente y los tirantes (que no se ve aquí), y pasarlo a un patrón para cortar el forro.

Y ahí me he quedado, con la esperanza de que para el próximo post pueda enseñarlo terminado y quitar una prenda de mi lista de trabajos en proceso.

Hasta aquí hemos llegado

Tener que abandonar un proyecto se suele ver como un fracaso, pero a veces es lo mejor que se puede hacer.

En mi caso, tras volver a ponerme con todas las ganas a seguir bordando el juboncillo, la cosa se fue atascando y finalmente me he dado cuenta de que he cometido tantos errores con él que lo único que estaba haciendo era perder el tiempo y frustrarme.

Aquí me he quedado. Como podéis ver el avance ha sido casi nulo.

El error número uno ya lo arrastro desde el que empecé, y es no haber planificado el bordado. Por culpa de eso he acabado poniendo el cordón demasiado cerca del borde en varias zonas, con lo que no me queda sitio para poner ni las hojas ni el cordón que remata todos los bordes.

Ésto se podría arreglar si no se me juntase con el segundo error, que fue elegir una tela que no era la adecuada.

Al principio pensé que el único problema de elegir un paño de lana para hacer el juboncillo era que no era el tejido que usaría una dama, así que me encogí de hombros y decidí aprovechar que ya la tenía y que no me hacía falta gastar más dinero.

En realidad la cosa ha sido más complicada y ha resultado que al colocarla en el bastidor se deforma.

Quizá si hubiese planificado y hubiese bordado antes de cortar (otro error) esto no habría pasado, pero puede que sí.

Así que para evitarme más frustraciones y pérdida de tiempo que podría haber estado usando para otros trajes he decidido quitarle el poco bordado que he hecho, arreglar el trozo que se ha dado de sí, ponerle un forro y convertirlo en un juboncillo sencillo.

Quizá más adelante me anime a hacer el bordado, pero ya será con una buena planificación y cuando haya acabado otras cosas que aún tengo a medias.

Sorolla y la moda

Pues aquí que la menda se ha hecho un viaje super-relámpago a Madrid para ver exposiciones (tanto ajusté los tiempos que casi llego tarde a una). Primero la de Mucha en el Palacio de Gaviria, que se acaba dentro de nada, y después al Sorolla y al Thyssen para ver la exposición de moda que da título a esta entrada.

Y como a los que me leéis lo que os interesa es la moda, vamos al grano.

Id a verlas

En serio, merece la pena el gasto. Ya no es solo el poder ver trajes que se han venido incluso desde el V&A, es que la mayoría están expuestos de forma que los ves tan de cerca que casi puedes tocarlos. Me he cansado de hacer fotos de detalles; porque ese es otro aliciente, excepto en el primer piso del Museo Sorolla, las fotos sin flash están permitidas.

Los trajes van de 1890 a 1920 y los hay de paseo, de noche, para ir a la playa… Incluso un par de vestidos de novia.

Aparte del disfrute de ver en directo y tan de cerca tanta vestimenta, he aprendido alguna cosa más sobre costura, y he visto confirmadas teorías que tenía:

¿Que el vestido te ha quedado ligeramente estrecho o has engordado desde que te lo hiciste y ya no te cabe sin apretar el corsé hasta la asfixia? Métele una cuña.

¿Que no tienes tela suficiente para hacer toda la circunferencia de una falda de media capa? Añade otra pieza.

Yo sabía que estos trucos se usaban cuando te hacías cosas en casa, pero no sabía que en la alta costura del siglo XIX y principios del XX también.

Y por último, otra cosa que he visto pero de la que no pongo foto porque por mucho que lo intenté no me quedó nítida, es que la costura de las mangas no se colocaba debajo del brazo como hoy en día, sino que salía de la parte de la sisa en la que el patronaje moderno pone la pinza del pecho.